Alpinists in Pico de Orizaba

Tener margen de error

February 28, 20263 min read

9 de junio de 2024. El plan era sencillo. Subíamos el Pico de Orizaba Sada (Andrés), mi hermano Ricardo, Marco y yo. Todos con buen físico y rendimiento. Hicimos la carga de carbohidratos con pasta boloñesa del Perro Azul; comida al alto vacío para la friega que le íbamos a meter al cuerpo. Yo me comí dos platos. Sabía lo que venía.

Nos dormimos en el refugio del base camp y salimos tarde, como a la 1:00 AM, por estarnos haciendo café. Marco se sintió mal antes de empezar lo fuerte y decidió bajar; un movimiento inteligente cuando sabes que tu sistema no está al cien. Quedamos Sada, Ricardo y yo. Le pegamos duro. Íbamos rebasando alpinistas y llegamos a la base del glaciar con energía de sobra.

El glaciar estaba un poco descongelado, disperso y lleno de crevasses. Cada paso era un cálculo técnico. Ricardo iba enfrente, Sada en medio y yo al final. La subida fue rápida y con risas, incluso cuando en la cima nos cayó una tormenta de granizo que nos congeló el cabello. Teníamos la técnica, preparación y la condición para operar ahí.

El colapso del sistema ajeno

Todo cambió al bajar. Entre la neblina y el granizo, escuchamos una voz masculina gritando: "¡Ayuda!". Al principio pensamos que era broma, pero los gritos se volvieron constantes. Empezamos a gritar de vuelta para encontrarnos por puro sonido porque no se veía nada.

Lo que encontramos fue un sistema que había fallado por falta de criterio inicial. Un guía, un chavo de Cancún y una madre con su hijo adolescente. La señora estaba en shock completo. Habían llegado a la cima, pero en la bajada se resbaló por el glaciar. El guía la bajó arrastrándola con una cuerda; una decisión de última instancia que, en esas condiciones, acelera la hipotermia.

El error real fue de origen: un guía que no supo decir "no" cuando vio que la señora no tenía las capacidades físicas para el resto. El problema fue haber permitido que cruzaran la línea de seguridad sin margen de maniobra. Operó bajo el pronóstico de que la montaña se portaría bien, y cuando la realidad cambió, el sistema colapsó.

El descenso: ejecución y fuerza bruta

Sacamos blankets térmicas, hand y feet warmers, y les dimos nuestras chamarras. Las cargábamos porque el protocolo es ir preparados para la montaña, no para el pronóstico del clima. Armamos una camilla con cuerda y los poles de los bastones para darle estructura.

Bajar a alguien así es un gran desafío físico. Entre todos, fuimos moviendo el peso, turnándonos constantemente porque el cuerpo se agota rápido a esa altura. Llegó un punto en el que el cansancio pegó duro, pero en la montaña eso es un dato más, no una razón para detenerse. Mantuvimos el ritmo hasta salir de la zona de peligro, ganando oxígeno con cada metro que bajábamos, hasta que la señora recuperó la conciencia.

La conclusión técnica

Llegamos al punto donde el equipo de rescate pudo relevarnos. La lección no es la anécdota, sino la importancia de la capacidad excedente.

El guía de ese grupo dependía de que las variables externas se alinearan. Nosotros teníamos el margen de error suficiente para absorber su falla. La preparación no es para cuando el plan sale bien; es para tener la capacidad de operar cuando el entorno decide que el plan ha muerto.

"You do not rise to the level of your goals. You fall to the level of your systems." James Clear, Atomic Habits

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