Percepcion

Kant, el noúmeno y la trampa de tener la razón

May 23, 20264 min read

Últimamente he estado pensando mucho en una trampa mental en la que caigo seguido: el ego lógico. Es una constante porque mi día a día me obliga a operar bajo un espectro de posibilidades muy amplio, y es muy fácil quedar atrapado ahí cuando la mente se acostumbra a estructurar todo de forma automática.

En el trabajo necesito ese espacio de enfoque total. Siento que es como una serie de puntos conectándose en mi cabeza hasta llegar a conclusiones que, para mí, son completamente lógicas e irrefutables. Siento que tengo el mapa perfecto del problema.

Pero ahí es donde me topo con que soy una persona muy terca. Cuando llego a una solución tan amarrada por mi propio pensamiento lógico, me brinca ese ego de creer que tengo la razón absoluta. Me dan ganas de decir: "A ver, esto es obvio, ¿por qué no lo ven?".

Para ser honesto, empecé a interesarme en Kant por frases sueltas que me salían en posts de Instagram. Me llamaron la atención, me puse a investigar más y me encontré con la bestia de filósofo que es. Empecé leyendo la Crítica del juicio y ahí entendí por fuera conceptos básicos sobre cómo funciona nuestra mente cuando intenta encontrar orden, equilibrio y sentido a las cosas sin depender únicamente de reglas rígidas. Ese primer acercamiento me interesó bastante, así que decidí pasarme a la Crítica de la razón pura, que es donde explica a fondo cómo procesamos todo, pero ahí fue donde topé con una pared alta; es un dolor de cabeza porque Kant deja de hablar de conceptos básicos y se mete con el mecanismo profundo de la mente, usando un estilo pesadísimo, con oraciones muy largas y palabras comunes que él redefine a su modo, lo que te obliga a releer el mismo párrafo tres veces para no perder el entendimiento de lo que estás leyendo.

He asimilado que esa conclusión irrefutable que armo en mi cabeza no es la realidad pura. Kant divide el mundo en dos conceptos clave: el fenómeno y el noúmeno. El fenómeno es la realidad tal como la percibimos nosotros, ya filtrada, acomodada y procesada por nuestra mente a través del espacio y el tiempo, que son básicamente las coordenadas de nuestra percepción. Es un render impecable que corre en mi propia mente.

En cambio, el noúmeno es la "cosa en sí", la realidad pura allá afuera, tal como existe independientemente de mis ojos o mi lógica. Pero el noúmeno no es un mundo místico ni secreto que se pueda descubrir con más inteligencia; es simplemente un concepto límite. Es el recordatorio de que mi mente tiene un tope y nunca va a tener acceso directo a la realidad cruda. En el momento en que intento pensar o estructurar el noúmeno, ya lo estoy procesando y convirtiendo en mi propio fenómeno. A esa dimensión externa le importa muy poco mi lógica. Entendí que mi ego lógico es el error de confundir mi fenómeno con el noúmeno, creer que mi mapa es el territorio de todos.

Kant también explica que cuando la razón es muy eficiente, cae en algo llamado "ilusión trascendental": se emociona tanto con sus propios argumentos que empieza a tratarlos como si fueran leyes universales de la realidad. Confundimos el simple acto de pensar una idea perfecta con el hecho de conocer la realidad. Mi mente puede pensar un argumento impecable, pero hasta que no choca con la experiencia real, no es conocimiento; es solo una hipótesis interna.

Ahora, a mitad del día, cuando me veo defendiendo mi realidad e ideas en situaciones, intento meter el freno de mano. Mi lógica puede ser la más óptima en papel, pero el camino del otro, aunque a mí me parezca desordenado o no tenga sentido bajo mi perspectiva, puede llegar exactamente al mismo objetivo. Al final, si el resultado se da, el cómo da igual.

Aprender a entender la limitación mental es aceptar que mi perspectiva es solo una herramienta de navegación, no la dueña de la verdad. Al menos esta es mi interpretación de lo que he alcanzado a procesar y leer hasta ahorita.

"Hay más de un camino a la cima de la montaña"

Miyamoto Musashi, El libro de los cinco anillos

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