
Dudar Es Perder
Esta mañana me desperté sin ningún plan especial. No estaba buscando respuestas ni reflexiones profundas. Simplemente estaba despierto, dejando que la mente se acomodara, cuando apareció un recuerdo claro: Sekiro.
Para quien no lo conozca, Sekiro es un videojuego ambientado en el Japón antiguo. No es un juego de fuerza, niveles o ventajas acumuladas. Es un juego de ritmo, de atención, de estar presente. Si reaccionas tarde o dudas en el momento clave, pierdes. Así de simple.
Hay una frase que atraviesa toda la experiencia:
Hesitation is defeat.
En español suele traducirse como “dudar es perder”.
No volvió a mi cabeza como una frase motivacional, sino como una observación incómoda.
Una idea más antigua que el juego
Leyendo y pensando más sobre esto, entendí que esa frase no nace del videojuego. Viene de una línea de pensamiento japonesa muy antigua, ligada al budō (el camino del guerrero) y al zen. La idea central es clara: cuando llega el momento de actuar, dividirte internamente ya es una forma de derrota.
No se trata de actuar sin pensar. En esa filosofía, primero se observa, se entiende, se acepta la situación. Pero una vez que el instante llega, no hay negociación interna. Se actúa completo.
En el zen existe un concepto llamado mushin, que se puede entender como “mente sin ruido”. No significa no pensar, sino no interferir contigo mismo cuando ya sabes qué hacer.
El paralelo con la vida real
Pensándolo con calma, me di cuenta de algo sencillo pero difícil de aceptar: muchos de mis tropiezos no vinieron de malas decisiones, sino de decisiones postergadas. De quedarme demasiado tiempo analizando, esperando certeza total, tratando de mantener todas las opciones abiertas.
En Sekiro, no pierdes por intentar y fallar. Pierdes cuando:
reaccionas tarde,
actúas a medias,
rompes el ritmo por dudar.
En la vida pasa algo muy parecido.
La duda suele disfrazarse de prudencia. Parece responsable, incluso inteligente. Pero cuando se vuelve constante, empieza a desgastar. Te saca del presente y te deja atrapado en escenarios que solo existen en la cabeza.
La lección que quedó
Esta reflexión no va de ir rápido ni de tomar decisiones impulsivas. Va de aprender a reconocer cuándo ya pensaste suficiente y ahora toca comprometerte con una dirección, aunque no sea perfecta.
Tal vez por eso Sekiro sigue apareciendo en mi memoria. No como un juego, sino como un recordatorio silencioso:
No siempre perdemos por equivocarnos.
Muchas veces perdemos por no estar del todo presentes cuando llega el momento de actuar.
Y esa idea, curiosamente, no habla de talento ni de suerte. Habla de algo entrenable: claridad, presencia y compromiso.
A veces el siguiente paso no necesita más análisis.
Solo necesita que estés ahí, completo.
